sábado, 3 de abril de 2010

El jueves a la madrugada dice.

Pequé sabiendo que estaba mal. Pequé haciendo cargar con más peso la cruz de mi incondicional amigo, mi Santísimo Señor. Pequé contra el Cielo, pequé contra ti. Pequé enfrente de tus ojos mientras me observabas. Tomé un látigo, te azoté, no me importó. Te traicioné, me fuí, me dormí. No me importó. Te abandoné, me acobardé, tuve miedo, tuve verguenza. Pero perdoname te lo pido a vos que me amás verdadera e incondicionalmente, que me amás como soy y no entiendo como lo hacés, no entiendo como me mirás con ternura yo que tengo un corazón que no entiende tanta entrega. Y no entiende porque no le entra, porque explota si lo entiende se deshace y desaparece en ese mismo Amor. Entiende hasta donde hay lugar sabiendo que es infinitamente más grande. Sabe pero no entiende y alaba cuando no crucifica, cuando cae en la cuenta, en la triste cuenta de su miseria y alaba porque desaparece la soberbia, desaparece y no quiere que vuelva más. El alma quiere alabar por tan grande obra, tan grande amor, dar gracias y pedir perdón.
No entiende el perdón pero lo pide porque quiere estar limpia, quiere renacer, de nuevo, quiere vivir, cantar, compartir, quiere amar y quiere estar con Dios, porque sin Dios no puede. Me vuelvo inútil más de lo que ahora pienso que soy pero sé que no soy. No te alejes de mi, Dios.

No hay comentarios.: